La aventura de lo cotidiano

vincent-delerm-amants-paralleles-L-h6cv9_Existe una natural y lógica tendencia a contar grandes historias. Historias en las que los grandes protagonistas se enfrentan a grandes dilemas, a grandes decisiones y en las que, para bien o para mal, ganan y pierden cosas en el camino como consecuencia, normalmente, de sus elecciones o, lo que a veces es peor, como consecuencia de las elecciones hechas por los demás.

Siguiendo este esquema universal, desde pequeños nos enseñan que las buenas historias se construyen bajo el esquema del “planteamiento-nudo-desenlace”: al protagonista le pasa algo, que se resuelve al final de la historia. Cuando nosotros, como atentos espectadores de una obra, juzgamos lo que el autor nos propone y nos enfrentamos a una propuesta que no se amolda a este rígido esquema, tendemos a rechazarlo, a sorprendemos comentando con aire de autosuficiencia: “es que no hay historia”.

La literatura, el teatro, el cine, las series de televisión más actualmente, son las principales deudoras de esta forma de proceder, pero la música tampoco ha resultado ajena a ella. La música, es cierto, siempre ha estado un poco más lejana a este rígido esquema de “planteamiento-nudo-desenlace”, quizá porque, como acontece con la poesía, su breve duración le ha hecho optar la más de las veces por explicar sensaciones, antes que por contar historias.

Pero ahí tenemos los álbumes conceptuales. Esas magnas obras que, construidas con canciones en lugar de con capítulos, juegan a ser libros o películas y tratan, con ello, de contarnos una historia. ¡Los álbumes conceptuales!, quizá la disciplina más arriesgada en el mundo de la música, de los que tenemos grandes ejemplos, pero que tan trasquilados han dejado a muchos grandes músicos. Álbumes conceptuales que tienen sus propias reglas y, como principal exigencia para ser conceptuales, la de alcanzar la unidad entre unas canciones que aspiran a contar una historia; a contar una historia, de nuevo, bajo el prisma del “planteamiento-nudo-desenlace”; la historia evocada de Anna Frank (In the Aeroplane over the sea), la historia de un hombre de mediana edad enamorado de una jovencita inocente (Historie de Melody Nelson) o perversa (L’homme à la tête de chou), las miserias de la alienación moderna (Los diarios del petróleo) o la sucesión de discos de los grandísimos The Kinks a finales de los sesenta y primeros setenta (Arthur, Lola vs Powerman…., etc), por citar sólo algunos de mis preferidos.

Y en estas llega nuestro querido Vincent Delerm para presentarnos un álbum conceptual que no nos cuenta, aparentemente, ninguna historia. Un álbum de apenas 30 minutos en el que asistimos, fascinados, a la corriente historia de dos personas que se conocen y se quieren; se quieren a lo largo de muchos años. Una historia universal, sencilla y bonita, que huye de las grandes historias de amor imposible, o atormentado, o no correspondido, o prohibido, o… Simplemente se conocen en el primer tema y se quieren en los doce restantes. Una historia que no se amolda al esquema de las grandes novelas universales, pero sí a las más mundanas (y deseables) vidas de la gente corriente.

Una historia que se compone a partir de pequeños hitos, de pequeñas porciones de nada, para terminar construyendo, cuando termina el álbum, un preciso atlas íntimo del amor; un atlas de cómo el amor nace y crece, de cómo se construye con hechos cotidianos y complicidades íntimas; de por qué las grandes novelas son, en realidad y en contra de lo que creemos, todas ellas historias de desamor, pues el amor es algo más sencillo y, a la vez, más complicado que todo lo que ellas nos cuentan.

Y en medio de este relato de lo cotidiano, y por encima de todo, ‘Les amants parallèles’, canción que da título al disco.

“Paralelos, al lado, sobre la cama nuestros cuerpos paralelos. No el mismo, no mezclados; no lejos, pero juntos de hecho. (…) Y vivimos en paralelo… (…) Paralelos… no los mismos… somos los amantes paralelos”.

Y es que ‘Les amants paràlleles’ juega en gran medida a ser una película (sus temas, construidos a partir del piano, tienen una enorme capacidad evocativa), pero no cualquier tipo de película, sino, como aquí sí nos imponen los tópicos, una buena película francesa, quizá de algún autor de culto de la nouvelle vague, en la que lo importante no es tanto lo que se cuenta como lo que sienten los personajes que viven lo que se cuenta; una historia en la que lo de menos es la historia y lo de más conseguir capturar y encerrar en unos acordes los sentimientos de los personajes que quedan atrapados en ella. Conseguir, en resumidas cuentas, capturar la aventura de lo cotidiano.

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